Este viaje hace parte
de mí, porque fue con mi esposo Rafael y me sumergí tanto en ese mundo que
lo relate de la siguiente manera:
Aunque los orígenes del poblado se confunden, quienes
conocen su historia recuerdan que a finales del siglo pasado un aventurero
español, don Juan de Minca, se enamoró del lugar y en él se instaló con su
familia.
Don Juan vislumbró las posibilidades de sembrar café y trajo
por su cuenta a varias familias puertorriqueñas y hondureñas como los Soto o
los Pérez, cuyos descendientes aún viven aquí, para que sembraran las primeras
plantaciones.
En Minca se puede todavía encontrar unos 5 casas de está
epoca, casas hecho TAPIA PISADA, con paredes hasta de 50cm de gruesa.
Pasado el tiempo, cuando la familia creció, don Juan decidió
enviar a estudiar a su hija mayor a algún colegio de monjas en Barranquilla.
Aprovechando unas vacaciones, las religiosas aceptaron la
invitación del padre de su alumna e impresionadas por la belleza y tranquilidad
de Minca solicitaron la ayuda del colonizador español para levantar allí un
claustro.
Hay quienes cuentan que fue por causa de un romance de la
Madre Directora del Convento con el cura del lugar. El escándalo acabó con el
convento y hoy, entre sus ruinas, funciona Hotel Minca, una hostería que recibe
visitantes extranjeros principalmente canadienses que llegan a conocer la
riqueza de la vegetación o el embrujo de la Sierra Nevada.
Posteriormente se establecieron otros grupos de religiosas,
como las de la congregación de La Enseñanza , que hasta hace diez años
regentaron un colegio que tuvieron que abandonar por falta de apoyo oficial.
En Minca también se encuentra la Casa de Ejercicios
Espirituales El Tabor, sitio de recogimiento y meditación, en donde religiosos,
estudiantes y, en general, grupos de personas se dedican a la meditación y
estudio de distintas disciplinas. Como se recuerda, la Biblia define El Tabor
como el monte donde Cristo se transfiguró antes de ser entregado por Judas.
El párroco de la Iglesia del Perpetuo Socorro de Minca,
padre Oswaldo Herrera, recuerda que la Casa de Oración fue gestada por el
obispo Javier Naranjo Villegas, hace 25 años. Desde entonces se ha mantenido
como la columna vertebral sobre la que se sostiene la vida espiritual de los
minqueños.
Minca es un pequeño poblado de quinientos habitantes,
enclavado en las estribaciones de la Sierra Nevada y perdido entre la frondosa
vegetación. Hasta allí se llega por una serpenteante carretera de 14 kilómetros
que parte de Santa Marta y se recorre en 25 minutos, en carro.
En 1980 la Sierra Nevada de Santa Marta, en reconocimiento
al enorme valor que encierra como ecosistema natural, es declarada por la
UNESCO “Reserva del Hombre y de la Biosfera”. Por sus características la Unión
Mundial para la Conservación de la Naturaleza la declaró ecosistema prioritario
en Suramérica para su conservación.
El macizo montañoso de la Sierra Nevada, cubre una
superficie de 17.000 kilómetros cuadrados y sus nevados, cuyos picos alcanzan alturas
de 5.775 metros, es la montaña tropical más alta del mundo. Tiene un espectro
casi completo de condiciones ambientales, de nichos ecológicos, no solo de
Colombia sino del mundo tropical.
Se encuentran el bosque húmedo tropical con árboles de alturas
elevadas - hasta de 40 m - y de diversas especies. Abundan las lianas, palmas,
helechos e.o.
La fauna todavía es mayor con osos, venados y especies
menores como armadillos, erizos, ocelotes y micos. Miles de pájaros, insectos,
e mariposas, hacen conciertos de cantos, zumbidos y chirridos.
Minca tiene historia y es un paraíso ecológico con el río
Minca de aguas cristalinas y su inmensa vegetación verde que guarda debajo de
la tierra la riqueza arqueológica de sus antepasados.
Este maravilloso escenario sirvió en el pasado como hábitat
de la cultura Tayrona y hoy en día se encuentran en las tierras altas los
indígenas pertenecientes a los pueblos Kággaba (Kogi), Ijka (Arhuaco), Wiwa
(Arzarios) y Kankuamo
Minca tiene multiples sitios de hospedaje, es el rincon de
pintores, escultores y artesanos.
CASA OROPENDOLA
Una posada para amantes de la naturaleza y el rincón de
estudio de una pequeña escuela de Ornitología.
Fundada y dirigido por Marie Quiñónez Rivera que cuando
llegó a Minca quedó atrapada por los encantos y la solidaridad de sus
habitantes.
Después de pasar unos días en Minca encontró su refugio: una
casa abandonada en el espeso bosque en la vía hacia el Tabor. Levantó ahí lo
que era su hogar y el centro de investigación dotado de un computador.
En el año 2008 traslado la fundación hacia un nuevo lugar,
propiedad adquirido por la fundación, situado en el camino hacia el cerro
Kennedy, después de Pozo Azul.
FOSIN (Fundación Ornitológica Sierra Nevada de Santa Marta)
la nombró coordinadora del proyecto en Minca.
FOSIN CLUB DE NIÑOS DE MINCA
Ha creado un club escuela que es para alumnos y interesados
que viven en Minca con el proposito de educar a conservar la naturalez y formar
guías por el futuro.
Las salidas en grupo las realiza todos los domingos.
Antes de iniciar la aventura escuchan atentos la lección:
“Colombia es el país con más aves en el mundo migratorias y estacionarias. La
Sierra Nevada fue declarada por la UNESCO Reserva del Hombre y de la Biosfera y
nuestra misión es cuidar y conservar el bosque tropical seco, el bosque
tropical húmedo, nublado y pre montanó".
Son enseñanzas dentro del mismo hábitat. En sus paseos el
grupo construye puentes, abre trochas, se recrea con la fauna y la flora del
entorno y educan sus oídos para escuchar los cantos de las aves. Marie les
enseña semanalmente cinco nombres en latín, inglés y español.
Sus conocimientos son compartidos, pero el club escuela
necesita materiales, herramientas, libros, cámaras de fotografía, binóculos
e.o. para realizar un excelente trabajo y llevar la conservación de la Sierra
Nevada.
By Nena Botero.
Administradora Hotelera. Experta en Turismo Nacional e Internacional
Columnista.


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